Fotógrafo x fotógrafo
La lotería, o casi
Pequeño formato
¡Nos vemos en la Casa del Reloj!
Nikon: Censura y derrota en los tribunales.
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| foto (c) Ahn Seong |
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| Ambientazo en la galería Nikon! |
Yankee Papa 13 en Valladolid
Forma parte de une generación seminal, la de los reporteros que cubrieron esa guerra, que fijó definitivamente el estilo y los parámetros del género. Probablemente fue tambien la última cuya obra tuvo una influencia real sobre la política. A los halcones del Pentágono les gustaba decir que la guerra se había perdido por su culpa.
Deja Vu
Burke acompañó a las tropas inglesas en la Segunda Guerra Afgana, entre 1878 y 1880. Como la primera (1839-1842), fue parte del Gran Juego, así definido por Kypling, en el que dos potencias imperialistas, Rusia y Gran Bretaña, intentaban asegurarse el control de un territorio estratégico. La partida es la misma que se jugaba en el país tras la nueva invasión rusa de 1979 y probablemente es la misma que se sigue jugando hoy. Las coincidencias son esclarecedores y toda la retorica que las justifica, sorprendentemente igual. Los ingleses no invadieron Afganistan en la primera guerra, acudieron llamados por un gobierno títere, a defender a los afganos buenos de una amenaza ajena, en la seguridad de que serían bien recibidos por los "indígenas". Deja vu.
No solo retrató las tropas, también tipos, paisajes, ciudades y dignatarios locales. Desde su base en la ciudad balneario de Muree, hizo una fortuna fabricando albumes de recuerdo, postales, etc. El outcast al que se le había negado permiso para acompañar al noble ejercito imperial, acabó siendo un destacado miembro de la sociedad. Según Norfolk, son precisamente esos orígenes -irlandés, pobre, ajeno- y su incomoda posición social inicial lo que hizo que retratara a los afganos como iguales. Los demas fotógrafos coloniales dejaban bien clara la posición inferior de los locales, retrataban siempre su sumisión, sus costumbres salvajes, etc.
¿La diferencia fundamental entre la segunda guerra afgana y esta, la cuarta? Antes los ingreses tenían la decencia de morir en las mismas cantidades que sus enemigos. Ahora la cosa es bien diferente: 20 a 1.
Un archivo que se queda
cuenta de las condiciones de vida tanto como por su obsesión con fotografiarlo. Es un episodio de nuestra historia no demasiado conocido, al contrario de la de Centellés y las peripecias de su maleta.Muñoz Molina retrata a Sudek

Madrasas

Luis López Gabu ha trabajado sobre la experiencia escolar de los niños africanos a lo largo de una decena de años y ha recorrido otros tantos países. El resultado es una treintena de imágenes que te hacen reflexionar sobre algunos aspectos esenciales de una realidad que cada vez nos es mas próxima.
Leí en la misma sala, en el texto de presentación, una observación muy reveladora: La mayor parte de las culturas africanas son ágrafas, sobre todo las subsaharianas. Quiere decirse que, por extraño que pueda parecernos, estos niños se enfrentan a una experiencia no solo nueva, sino también ajena a su tradición y su cultura. Es una de esas cosas que se dan por sabidas, pero en las que creo que conviene detenerse a pensar. En muchos lugares, la avanzada contra el analfabetismo es una de estas madrasas, un maestro aislado, un local menos que digno y unas tablillas en las que los niños aprenden a escribir copiando las suras del Corán.
En la sala se pueden ver algunas de estas tablillas. Dada la escasez en que se mueven estas escuelas, la tradición es que pasen de niño en niño y, cuando se estropean, se les añadan parches, grapas y lo que sea necesario para prolongar su vida útil. Así se convierten en objetos con un alma particular.

Para mi fue una agradable sorpresa. Pocos días antes de visitarla escuché en la presentación de un trabajo de uno de los grandes de la fotografía española, que había realizado algunos de sus exóticos reportajes en sus 15 días de vacaciones anuales, y, por comparación, el esfuerzo de Gabu adquirió aún mayor dimension. Es un gran trabajo, conceptual y artísticamente hablando, al que bien se le pueden dedicar unas horas de disfrute. La web de Luis López Gabú es un poco confusa -creo que es la primera que veo que dedica tanto espacio a contar la azarosa vida del artista- pero ofrece una muestra muy interesante de su trabajo como pintor y fotógrafo.
This is the end...
Pero es el título de una exposición de Walter Schels, fotógrafo alemán que se ha atrevido con un tema tabú: La muerte. En nuestra civilización, que hasta sitúa los cementerios lejos de las ciudades, y que procura obviar el tema, es casi una provocación. Lo que ha hecho, con su compañera Beate Lakotta, es retratar personas que se enfrentan a una muerte cierta -mas bien definida, todos estamos en la otra situación- antes y después de morir.

Son 24 enfermos: el mas joven, un bebe de 17 meses, el mas viejo tiene 83 años. Es un ejercicio impactante contemplarlas, leer las entrevistas y pararse unos minutos a pensar en ellas. Schels y Lakotta cuentan en un video la génesis del proyecto, financiado por unos laboratorios farmacéuticos, y el efecto que les produjo. El tiene 74 años, es consciente de que su muerte se acerca. Para hacer las fotos tuvo que superar, ademas de las complicaciones técnicas imaginables, un arraigado pánico a la muerte. Siendo niño, se encontró con los cuerpos destrozados de las víctimas de un bombardeo, y no habia sido capaz de superarlo. Uno de sus descubrimientos mas terribles fue que los familiares y amigos de los enfermos, atendidos en una residencia, no les visitaban, y que estos sufrian enormemente por ello. La certeza de la muerte era inmanejable para esas personas con las que habian convivido, que en consecuencia, rompian la conexion con ellas. Los enfermos se resentian, cuestionando incluso años de amistad o de relaciones familiares. Y cuando les visitaban era casi peor, les decian que se iban a poner pronto bien y tonterias así. Uno de los enfermos se desespera: ¿Es que no se enteran de que me voy a morir?
Hay una web de la exposición. La colección más completa que he visto la publica The Guardian, tambien un completo reportaje, en el que resumen parte del dolor, el sinsentido y hasta el humor de la situación. Uno de los enfermos, por ejemplo, se resistía tanto a morir que le dijeron que tenía que volver a su casa. Su mujer le contó que ya había vendido todo los suyo. Murió un par de dias despues.
Espero que la podamos ver algún dia en España. Estoy seguro de que ayudaria a mucha gente.
Un buen rato
El de Twain es impresionante, define muy bien al personaje con su actitud desafiante y su personal puesta en escena de traje claro, bigotazo, melenas, puro humeante... Y una imagen de Agustí Centellés que he visto mil veces y siempre me produce la misma emoción: El retrato de un anarquista con su mujer y su hijo...
Lo notable de esta última foto es la ausencia de drama. El soldado sonrie y parece contento con su destino -va a incorporarse con su columna al frente de Aragón- y la mujer posa para la cámara como si fuera un dia de campo, con normalidad. Nada de emociones desatadas, lágrimas, desgarros o de la pornografía sentimental a la que se nos somete hoy en momentos semejantes. Una imagen que retrata con diginidad a un voluntario que sabe perfectamente que es lo que le espera y por qué lucha.Lo dicho, un buen rato...
Cien latidos
Todos los fotógrafos son brillantes, casi todos pertenecen a una generación curtida en la transición, han pasado por los mismos conflictos (algunos, como el palestino, son tan largos...) y han encontrado su lugar en grandes agencias internacionales: Santiago Lyons y Javier Bauluz en Associated Press, Cristina García Rodero en Magnum, Enrique Martí en Reuters, etc. La suya es una vida difícil, dedicada a un oficio poco gratificante en términos económicos, y tienen toda mi admiración.
Revisadas las fotos, una de las evidencias que vienen a la mente es el papel criminal del nacionalismo en casi todas las guerras recientes. A pesar de eso parece que ese sentimiento nefasto sigue tan activo y tan venenoso como siempre. Y aunque las fotos de los grandes conflictos dominen, algunas de las mas impresionantes retratan fallos estructurales de nuestro mundo, como las fotos de trabajo infantil de Fernando Moleres. Obligaría a verlas cada mañana a todos los neocons insoportables que se pasan el día intentando convencernos de las bondades del capitalismo moderno desde sus púlpitos en los medios españoles.
Buena idea y buena selección.
Man Ray, 1929.
Quedan aun unos días para ver la exposición de Man Ray en
Si hubiese que señalar una pieza entre las 300, marcaría 1929, unas fotos pornográficas de las que ni siquiera había oído hablar. Es difícil, porque hay algunas obras muy importantes, como por ejemplo una reconstrucción de Noire et blanche, imagen que no se podía ampliar por el estado del negativo y que ha sido recreada escaneandolo e imprimiéndola. Sabía que el surrealismo apostó desde el principio por la potencia liberalizadora y escandalizante del sexo, y que los integrantes del grupo se habían divertido lo suyo, había leído algunas de las provocadoras poesías eróticas de Aragon etc., pero no sabia que existían trabajos como este.
La historia, que he conocido ahora, después de verlo, es surrealista: El editor de Varits, una revista belga miembro del movimiento, no podía pagar a su impresor, pero, aunque le debía ya una suma importante, este estaba dispuesto a imprimir un número mas. Los surrealistas decidieron resolverlo con un número especial, erótico, y Aragón se acercó al estudio de Ray a pedirle que hiciera algo para
Casi 80 años después es difícil imaginarse el efecto que tuvieron entonces y la osadía que suponía tomarlas. El material pornográfico de la época no era tan explicito y los primeros planos descontextualizados creo que se inventaron bastante mas tarde. Y técnicamente, teniendo en cuenta los materiales disponibles, son un éxito. Vistos hoy, tienen un aspecto marmóreo, una solidez escultórica extraña. No producen efecto alguno en la libido, especialmente vistos en una sala de exposiciones. Me gusta pensar que fijan muy bien el aspecto "unitario" del sexo, eso de dos cuerpos fundidos etc. Y desde luego marcan muy bien la distancia entre el entonces y el ahora: Los surrealistas querían hacer la revolución y uno de sus instrumentos, al hilo de las entonces recién divulgadas teorías de Freud, era el sexo. Hoy es imposible utilizar el sexo para eso. Como tantas otras armas revolucionarias, ha sido completamente asimilado, domesticado y transformado en mercancía, y los últimos que lo intentaron, abandonaron derrotados en los años 70. Hay que concederles a Breton y sus amigos un éxito parcial: la sociedad patriarcal, ultraconservadora y miserable que conocieron ha dejado de existir. Pero teniendo en cuenta la regresión conservadora, el rebrote de la influencia religiosa y sectaria y la derechización que sufrimos, habría que reinventar un grupo como aquel. Hace mucha falta.
**me disculpo por la inmunda calidad de mi foto de 1929: La sala permite hacer fotos, pero sin iluminacion, sin tripode es dificil hacer algo mejor.Noticias desde el frente
Excursion recomendada
Ahora que ando obsesionado con la importancia del tamaño (en fotografía!), me ha chocado mucho ver uno de los retratos del oeste americano de Richard Avedon, al lado de una obra de Walker Evans... La primera foto es una ampliación de metro y medio hecha a partir de un negativo enorme, un blanco y negro contrastado, duro, con una precisión y una definición impactante. Casi intimida enfrentarse a ella. El tratamiento se ajusta al sujeto, por otra parte: un minero con pinta de duro. La segunda, en cambio es casi una joya: una pequeña miniatura (15x20 cm.?), no demasiado brillante, que retrata una víctima del mundo moderno, alguien que probablemente ofrece poca resistencia a su destino. Es uno de los retratos que Evans tomó para la FSA en Hale County (Alabama), documentando la dureza de la vida de los granjeros durante la depresión. Dos artistas, dos sujetos, dos piezas diferentes, el mismo procedimiento.
Estas colectivas cuando hay suerte ofrecen, además del placer de volver a ver fotos que ya conoces, la sorpresa del descubrimiento. Me he tropezado con un par de imágenes deslumbrantes de alguien que era un perfecto desconocido para mí: George S. Zimbel. Ésta es todo un poema: Retrato perfecto de una ambiente, una edad, una situación, un sistema de relación... Es increíble que alguien pueda captar al vuelo un instante así. He encontrado su página web, y desde luego no ha perdido reflejos.
Foto playera: Massimo Vitali
Vitali fotografía desde una altura de seis metros con una cámara de gran formato playas cercanas a su casa, las amplia a gran tamaño (80x70 cm. y mas) y las monta en Diasec, un proceso por el que la foto se fija a la parte trasera de un plástico transparente. Parecido al Dibond. El resultado impresiona. El objeto-foto. La imagen, por si misma ya es sugestiva: Al contrario del uso general, que manda centrar la foto en la anécdota, Vitali propone una visión general con decenas de sucesos detenidos, instantes congelados. Una situación sin drama, pero llena de detalles sugerentes. El formato escogido -colores, tamaño, montaje- enriquece enormemente la experiencia.
Hay una selección de sus imágenes aqui, pero ningún monitor puede hacerles justicia...

Lourdes Grobet
Las imágenes recogen tanto la pelea en el ring como momentos de la vida cotidiana y retratos mas formales de los participantes.
Una foto cada dia...
La revista yanqui que me la descubre me informa también de que su trabajo se expone este año en Photoespaña... Aquí al lado y estos días. Curioso.

Tus fotos cuentan mucho...
Entre las que ya se exhiben hay de todo, fotos curiosas, informativas, graciosas y algunas excelentes. Me han sorprendido varias por su calidad. La que mas, quizá este retrato de una primera comunión en Palomeras en 1962, de Maria del Carmen Galisteo León. Parece recoger el momento ¿qué hago yo aqui? por el que pasamos todos en estos trances... Técnica y artísticamente a la altura de cualquiera de los grandes.
Martin Parr: ¿humor inglés?

Parr incide sobre todo en el contraste entre el "color local" y la huella de la globalización, en fotos de colores muy saturados, composiciones muy cerradas y potentes, que concretan un sentido del humor muy particular. Algunas están cargadas de ironía, y hay que convenir en que Méjico es un destino particularmente adaptado a su visión. Sus críticos afirman, no sin razón, que lo que se ve es más Parr que Méjico.
En cualquier caso, es un placer enfrentarse a sus ampliaciones después de pasar tanto tiempo viéndolas en un monitor y la expo bien merece la visita.
Parr es un tipo muy interesante: Ademas de fotografiar (es uno de los socios de Magnum), también es editor y organiza exposiciones (fue el director de los encuentros de Arles en 2004). La próxima, Colour before color (itinerante, el próximo mes se inaugura en Nueva York), es una reivindicación de algunos de los pioneros europeos de la fotografía en color, entre los que incluye a Carlos Perez Siquier, un maestro español, premio nacional de fotografía, que imagino es próximo a su visión. Parr es un activista de la fotografía "vernacular" (etiqueta de profesionales del comercio artístico para anónima, popular, etc.), un defensor de los fotógrafos comerciales, y su tesis es que aunque el mundo del arte aceptara la fotografía en color solo a finales de los 70, los artistas ya la utilizaban 70 años antes. Merece la pena volver de vez en cuando sobre esta idea.
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