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Muñoz Molina retrata a Sudek


Pensaba escribir algo sobre la expo de Josef Sudek en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pero el sábado me encontré este artículo de Muñoz Molina en El País, y se me pasó de inmediato. Es un lujo que un escritor tan hábil en su oficio sienta tanto interés por la fotografía. También se pueden hacer grandes retratos sin cámara, crear imágenes poderosas solo con palabras.

Reincidentes

Comprobado: Si eres un fotógrafo español, no tienes posibilidad alguna de que con esta administración y este Ministro de Cultura, te den el Premio Nacional de Fotografía. En cambio, si eres un artista multimedia, gráfico, o de cualquier otro tipo y la fotografía es una herramienta accesoria o ilustrativa o complementaria en tu creación, eres un serio candidato.

El Premio Nacional de Fotografía se estableció hace nada, en 1994. Me alegró bastante que el gobierno decidiese por fin que la fotografía era una disciplina artística importante, tan solo 160 años después de su invención y 70 u 80 años después de que fuese aceptada como tal en el mundo civilizado. Mas aún que el primer premiado fuese Gabriel Cualladó.

Este año se les ha concedido a Bleda y Rosa. María Bleda y José María Rosa. Para los que no les conozcáis, digamos que proponen colecciones de obras fotográficas de gran tamaño sobre tema mas o menos monográfico, en las que lo importante es el pie de foto y la intención que carga de contenido lo que de otro modo serian instantáneas banales sin apenas valor fotográfico. Por ejemplo, un par de fotos de un campo de trigo están marcados con un pie que dice Puente de fierro, Villalar de los comuneros, primavera de 1521.


Es parte de la serie Campos de Batalla: "Campos de batalla significa un acercamiento a lugares marcados por la Historia, espacios en los que cientos de personas se enfrentaron y murieron de forma violenta por un motivo de conquista territorial o de dominio. Lugares míticos que han construido nuestra historia y que ahora se presentan como apacibles campos de cultivo o yermos pedregales". Eso escriben.

Bleda y Rosa tienen algo mas de 30 años, exponen desde hace una decena. Tengo que decir que he visto alguna de sus exposiciones y que aprecio sus artificios, que me parecen unas falsedades curiosas, mas que interesantes. Y soy consciente de que la fotografía es una herramienta polivalente. También de que discutir el fallo de un jurado que no se representa mas que a si mismo es absurdo. Pero me duele pensar que hay dos docenas de grandes fotógrafos en edad de merecer premios que no obtienen nunca un reconocimiento parecido. Fotógrafos, no artistas, y me remito al texto de Muñoz Molina sobre el que ya escribí. La mayor parte incluso necesitan el dinero. Es una injusticia probablemente pequeña, pero irritante

En el jurado que lo ha otorgado no reconozco un solo fotógrafo.

No sé si es una tendencia de este ministro o de este año o de esta época. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas acaba de darle su máximo galardón a Maribel Verdú. El ministerio le ha dado el premio nacional de cinematografía a Javier Bardem. ¿no hay tambien decenas de cineastas con méritos mas evidentes?

Señor Ministro, un ruego: Cree Ud el premio nacional de parafotografia, cuasifotografia o algo así, déselo a quien quiera, pero por favor, reserve el de Fotografía para los fotógrafos.

Un reconocimiento merecido

Publio López Mondejar es una de esas raras personas que solo con su entusiasmo y su capacidad de trabajo son capaces de transformar una realidad. Cuando hace mas de 30 años se puso a recuperar fotografias antiguas y a convencer a los españoles de que su memoria era importante y que esos pedacitos de cartón que tenian abandonados en sus casas e instituciones eran en realidad significativas obras de arte, predicaba en el desierto. En estas tres décadas un porcentaje abrumadoramente mayoritario de los grandes libros sobre la historia de nuestra fotografia, y las exposiciones que han hecho época, llevan su firma.

Hace unos dias ha ingresado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lo que supone un reconocimiento más que merecido. Incluso alguien como yo, descreido y poco amigo de instituciones académicas y glorias mundanas tiene que admitir que en esta ocasión, los académicos han estado acertados. A lo mejor ahora consigue que el gobierno le escuche y cree el Centro Nacional de la Fotografia por el que tanto suspira.

Antonio Muñoz Molina le dedica un hermoso articulo en El Pais, en el que retoma las recientes declaraciones del nombrado. Una pieza que mezcla arte, lucha de clases, artesaníaa, izquierda y fotografía tenia que necesariamente que emocionarme... Cito:

La injusticia que subleva a Publio López Mondéjar es la falta de consideración hacia el trabajo de los grandes artesanos de la fotografía española, muchos de ellos anónimos, otros olvidados, todos sometidos a dosis variables de desdén por haberse dedicado no a la celebración de la propia egolatría sino a la tarea de retratar el mundo, la vida que está sucediendo delante de nuestros ojos y en ese mismo momento se deshace en olvido...
Cuestión de clases: los héroes de López Mondéjar son trabajadores que no se dedican a la fotografía para dar rienda suelta a las exquisiteces de su alma sino para ganarse honradamente la vida...

Cuestión de clases: en las salas de los museos la pintura preserva casi exclusivamente las caras de los poderosos; si aparecen los pobres, los campesinos, los indigentes, es -salvo en Velázquez- como personajes de caricatura. Gracias a la fotografía irrumpen perdurablemente los trabajadores y la gente común en la memoria colectiva, igual que sólo desde la invención del fonógrafo hay constancia directa de la música popular. A mediados del siglo XIX la fotografía desbarató las mentiras de la literatura y de la pintura y contó por primera vez de verdad el espanto de la guerra, en la que los hijos de los pobres mueren en masa y de cualquier manera. Si no hubiera sido por las cámaras de los fotógrafos no quedarían testimonios visuales de los infiernos del último siglo: tampoco de las ciudades, de los barrios vibrantes, de las densas vidas populares que fueron borradas por invasiones y bombardeos.

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