Historias absurdas


Imaginemos una bienal de fotografía en una ciudad del sur de Inglaterra, Brighton. Imaginemos que deciden "comisionar" a tres fotógrafos de prestigio para que fabriquen una visión original de la ciudad con la que enriquecer la edición de este año. Imaginemos que el mas famoso, un americano, llega a Heathrow con sus herramientas y le cuenta sus planes al funcionario de aduanas. Imaginemos, y esto lo entenderá perfectamente cualquiera que haya cruzado la frontera inglesa, que el susodicho funcionario le explica con cara solemne que no tiene permiso de trabajo y que si le sorprenden sosteniendo una cámara en territorio inglés le pueden caer hasta cuatro años de cárcel...

¿Qué hace el fotógrafo? Si es Alec Soth, aprovechando que viaja con la familia, le pasa la cámara a su hija de siete años, Carmen...

Y resulta que las fotos son buenas, el trabajo se expone y se publica en un libro, y el orgulloso papá cuenta que que es fascinante trabajar con su hija: Los niños no están ahogados en clichés. Piensan que es tan interesante fotografiar basura como fotografiar una puesta de sol, o el cordón de terciopelo de un m useo en vez del museo que hay detrás. Ella tiene un estilo muy libre de encuadrar. Mi cabeza esta llena de clichés matizados. Puede que subconscientemente esté influido por William Eggleston, pero ella no tiene esas referencias. Por supuesto, como profesional no puedes volver a la época en que no las tenías. Yo personalmente desearía tener esa cualidad otra vez. Trabajar con Carmen me ha hecho recordar que la mejor fotografía es la vernacular.

Martin Parr, que es el comisario invitado y la estrella de esta bienal, editó las 2.000 fotografías que hizo la niña y prueban según él, que la fotografía es la mas democrática de todas las artes. Podemos imaginar como se sintió cuando Soth le contó que el trabajo lo haría su hija.. Ahora piensa que fue una idea brillante. Le enseñó a sus estudiantes las fotos sin decirles quien era el autor y les impresionaron, aunque uno señaló que estaban todas tomadas con una perspectiva muy baja.

The Guardian titula el cuento El genio detrás de la última exposición de Alec Soth y como era de esperar, Carmen le ha robado toda la atención a los otros dos fotógrafos invitados, nada menos que Rinko Kawauchi y Stephen Gill. Ella solo se queja de lo mucho que llovió y de lo que pesa una cámara cuando la llevas colgada al cuello todo el día. Preguntada por el efecto que le hace ver un cuarto lleno de genet que mira sus fotos contesta: Si no pienso en que otros chicos mayores las van a ver, estoy bien. Los adolescentes dan miedo.

El peligro ahora es que el funcionario de aduanas después de leer todo esto, decida denunciar a Soth por explotación infantil...

2 comentarios:

juanjofdez dijo...

increible. Lo comparto en facebook.
Un abrazo

Jose Rojas dijo...

¿A que va a ser mi hija la que me saque de pobre? Yo por si las moscas, en cuanto ella sea capaz de agarrar una cámara, lo pruebo.
Lo mismo lo de Soth se lleva en los genes y su hija solo estaba esperando que le dieran una cámara para tirarse la vacilada,je,je,je.

Por cierto, manda narices lo del amable señor de la aduana. Ahora va a resultar que, por poner un ejemplo, todos los fotógrafos de viaje van a tener que pedir permisos de trabajo para cada país al que vayan a hacer fotos. ¡Lo que nos quedaba!

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